| 19. Vol. 8 (4) | JUNIO 2005 |
ENGLISH ABSTRACTS INSIDE ISSN 1575-0965 |
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Editorial
Evaluación y Espacio Europeo de Educación Superior. Una revisión crítica
Assessment and Higher Education European Area. A Critical Review
El término evaluación es polisémico. En la docencia universitaria la mayoría de las personas lo utilizan para hacer referencia a la calificación y a los procesos de evaluación sumativa del alumnado, principalmente dirigidos a la obtención de las calificaciones. En cambio, en los discursos y teóricas pedagógicas, es más habitual encontrar referencias a procesos de evaluación formativa, dirigidos principalmente a la regulación y mejora de los procesos de aprendizaje del alumnado. Afortunadamente, este tipo de prácticas están comenzando a ser, poco a poco, más habituales en las aulas universitarias, gracias a las dinámicas de innovación docente que se están generando en los últimos años, ante la perspectiva del proceso de Convergencia hacía el EEES y la difusión de manuales, experiencias y estudios pilotos sobre esta temática. Pero en nuestro país también comienza a ser habitual hablar de evaluación del profesorado, evaluación de centros educativos e incluso de planes y programas. Ligado a todos estos procesos de evaluación, un concepto que se está adquiriendo notable auge y extensión es el que hace referencia a la “evaluación de la calidad”. Por último, muchos de estos procesos evaluativos están ligados a procesos de acreditación y certificación.
Todos estas acepciones y usos del término evaluación surgieron con mayor o menor asiduidad en la mesa de trabajo que ha dado lugar a los artículos que se recogen en este número de la Revista Electrónica Interuniversitaria de Formación del Profesorado. A continuación vamos a realizar una breve revisión de las ideas más importantes que surgieron durante las tres sesiones de trabajo de esta mesa.
Evaluación y calificación del alumnado
El profesorado participante en la mesa de trabajo considera que la implantación del EEES implica fuertes cambios en los procesos de evaluación y calificación del alumnado, como efecto lógico de los cambios en la organización de las asignaturas y de la metodología. En ese sentido, es fundamental tener clara la diferencia entre evaluación y calificación, para avanzar hacia modelos más formativos, que dediquen mayor preocupación, tiempo y esfuerzo a una evaluación formativa y continua, enfocada a la mejora de los procesos de aprendizaje del alumnado, más que a su fiscalización y control. Por otra parte, es necesario que el sistema de calificación sea público y claro, así como que existan diferentes opciones para que el alumnado elija la que mejor se ajuste a su estilo de aprendizaje y situación personal. Una de las experiencias presentadas en este congreso es la de desarrollar un sistema de calificación en función del cumplimiento de trabajos y responsabilidades, por contraposición al sistema clásico de medición de saberes. Con ello se busca generar un clima de trabajo y preocupación por el aprendizaje, rompiendo las dinámicas condicionadas por la calificación.
Evaluación de centros y profesorado
En la mesa participaron algunos profesores con amplia experiencia en este tipo de procesos evaluativos. Lo que habían ido comprobando estos últimos años es que, respecto a la evaluación de centros, existen experiencias positivas en algunos procesos de autorregulación, que incluyen procesos complejos y recursivos orientados a la mejora de los mismos. Las fases a realizar serían: evaluación interna más evaluación externa que genera unas conclusiones comunes, a partir de las cuales se genera un plan de mejora que se aplica durante 3 años, al final de los cuales se realiza una evaluación final. Estos procesos evaluativos han resultado muy útiles cuando están enfocadas a la mejora del centro, con una finalidad claramente formativa. En cambio, han resultado ser muy poco útiles los procesos de evaluación puramente formales, que se limitan a cumplir el expediente, pero que no conducen a ningún tipo de mejora.
Respecto a la evaluación del profesorado, las experiencias acumuladas muestra que suelen resultar muy provechosas cuando supone generar procesos internos, como la evaluación de funcionamiento de la asignatura con la participación del profesor y con la finalidad de reconducir y mejorar el proceso de enseñanza-aprendizaje que se lleva a cabo. En cambio, están resultando meramente burocráticos y poco útiles los procesos de evaluación externos.
Acreditar y Certificar
La mesa se cuestionó seriamente si los mecanismos de acreditación y certificación son reflejo de una auténtica evaluación educativa, o más bien pueden responder a criterios de control por parte de los grandes poderes económicos. Sospechamos que nos encontramos ante un fenómeno ambiguo. La clave es que concepto de evaluación es el que predomina y guía la acción. Entendemos que debería predominar una valoración integral, total, participativa, dialógica y democrática. Seguimos preguntándonos si acreditar una institución implica ajustarse a los criterios marcados de forma externa por agentes que no tienen en consideración el propio proyecto curricular que esa institución se marca a si misma. Por eso exigimos que toda evaluación se ajuste y parta de los objetivos propuestos por los proyectos educativos de universidades y departamentos. En este sentido, aplaudimos experiencias de otros países, consistentes en evaluar a las instituciones universitarias desde los objetivos marcados por ellas mismas y no por agencias evaluadoras supeditadas a intereses partidistas o a grupos de presión.
Consejo de Redacción de la Revista