DOMINGO, 21 DE JULIO DE 2019 





30. Vol. 12 (3)

OCTUBRE 2009

ENGLISH ABSTRACTS INSIDE ISSN 1575-0965

Editorial

Cultura e Investigación tras el Horizonte del 2010


El término "cultura de investigación", como dice el profesor Julio E. Rubio, puede ser concebido como caracterización general de cualquier comunidad de investigadores en base a una serie de conceptos que son imprescindibles para esa cultura. Nos referimos al significado de racionalidad, verdad, objetividad, teoría y observación. Estos términos pueden ser empleados para señalar modos de entender y organizar el mundo compartido por una comunidad. Tal es el caso de la cultura de investigación. Es improbable que cualquier investigador que se viera cuestionado sobre los conceptos fundamentales de la investigación señalara de inmediato los que aquí se indican, aunque terminaría por aceptarlos si se aclarara su aplicación concreta, es decir, si se explicitara su significado.

Frecuentemente, la cultura se concibe como el patrimonio intelectual de una élite. Así, una persona culta es aquella que ha leído a los autores considerados clásicos por una comunidad intelectual y domina conocimientos que están por encima del promedio del “hombre de la calle”. La cultura se entiende en este caso como opuesta a la ignorancia.

Gelles y Levine (1996), desde una perspectiva sociológica, proponen seis características distintivas de cada cultura: Creencias, valores, normas, símbolos, lenguaje y tecnología, los cuales pueden ser usados para distinguir los significados básicos del ámbito de la investigación.

Según el diccionario Webster´s, el verbo to investigate debe entenderse como to observe or study by close and systematic examination. La traducción literal sería: observar o estudiar mediante un examen cercano y sistemático. De un modo más contextualizado, investigar científicamente es establecer relaciones epistémicas entre un campo de fenómenos y un campo de codificaciones que se atienen a ciertos criterios compartidos.

En el proceso de convergencia hacia el Espacio Europeo de Educación Superior se materializan los mismos conceptos que han de guiar la cultura de investigación científica, recordemos: Racionalidad, verdad, objetividad, teoría y observación. No obstante, nos encontramos ante una situación extraña. Aparentemente el horizonte del 2010 es el momento en el que culminan los esfuerzos realizados por un número muy elevado de Universidades de 46 países europeos, aunque la realidad es que este horizonte debe entenderse como un faro luminoso que indica el comienzo de un largo y duro camino para miles de profesores, estudiantes y gestores, los cuales van a tener que desarrollar una actividad docente, de gestión e investigadora bajo un nuevo paradigma, un nuevo modo de teorizar, aplicar y evaluar los contenidos, así como las motivaciones que han de orientarlos hacia dichas actividades.

Esta visión técnica de la cultura investigadora ha sido compartida por grandes personajes históricos, que adelantándose a su época, dejaban entrever los matices de esta nueva cultura. Ya en 1918, Albert Einstein hablaba de las motivaciones que podían llevar a las personas a dedicarse a la investigación científica y afirmaba: "...éstas son un gozoso sentimiento de poderío y superioridad intelectual...". Aunque realmente opinaba que la motivación fundamental de los hombres imprescindibles para la ciencia era otra en la que la racionalidad está emparejada con el corazón y los sentimientos.

Con la intención de contribuir positivamente a la nueva cultura investigadora que se está gestando en el próximo horizonte intelectual del año 2010, presentamos un monográfico titulado “Cultura e investigación en el Espacio Europeo de Educación” en el que tienen cabida trabajos de diversas temáticas con un denominador común, la creación del Espacio Europeo de Educación. Un espacio global de intercambio en el que todos los niveles educativos están integrados. Aquellos profesionales que crean que únicamente será la Universidad la que se adaptará a las necesidades sociales, obviamente tienen una visión muy limitada de las posibilidades que ofrece un espacio globalizado, compartido y dinámico de educación internacional. Las aportaciones recibidas por los autores para este monográfico, son las siguientes:

El primer artículo se titula “Formación de investigadores: perspectivas y procesos subjetivos implicados en la investigación educativa”, que ofrece un heurístico con el que tomar conciencia de los riesgos subjetivos (en ocasiones, implícitos) que emergen en toda investigación.

Un artículo presentado por el profesor Eduardo Fernández Rodríguez, cuyo título es “Aprendizaje experiencial, investigación-acción y creación organizacional del saber: la formación concebida como una zona de innovación profesional”, presenta diversas metodologías de trabajo asociadas con lo que se conoce como tradición práctica de la formación, esto es, aquellas propuestas que buscan permanentemente recabar información sobre el proceso de enseñanza-aprendizaje, constituyéndose la actividad docente en un sistema-observador.

El siguiente artículo “La formación inicial en competencias valorada por los maestros en activo” dibuja un estudio descriptivo de las competencias mejor y peor valoradas por los maestros en activo en la Comunidad de Madrid. En dicho trabajo se anima al lector a incorporar el “sentir” del profesorado acerca de las competencias necesarias para desarrollar su trabajo profesional.

El cuarto artículo, presentado por Silvia Llach y Ángel Alsina, propone estrategias para ayudar a los maestros y maestras a integrar las competencias básicas en los métodos de programación y evaluación, en este caso desde las áreas de Lengua y Matemáticas.

El quinto artículo tiene como objetivo comprender la experiencia de los adolescentes marroquíes al elaborar su identidad desde contextos culturalmente diversos, en concreto, en la escuela.

El artículo sexto, “Formación y Enseñanza de las Ciencias. Estudio de caso de una profesora de Ciencias de Secundaria”, analiza el trabajo de una profesora de ESO durante dos cursos académicos, a partir de un modelo de investigación-acción que pretende sentar las bases para la renovación pedagógica tanto de la formación del profesorado como de la Didáctica de las Ciencias Experimentales.

El séptimo artículo analiza, describe y presenta las virtudes y limitaciones del trabajo cooperativo en grupos de investigación, su organización, orientación y desarrollo, seguimiento y evaluación, en el marco de la asignatura de Procesos Psicológicos Básicos.

El octavo artículo, “El papel del profesor universitario en el Practicum del grado de Maestro en Educación Infantil y Primaria” se enmarca dentro de un proyecto de mejora de la docencia desarrollado en las facultades de Educación de Huesca, Teruel y Zaragoza. Dicho proyecto trata de conocer la actitud del profesorado sobre la asignatura “Prácticas Escolares”, con el objetivo de mejorarla.

El noveno artículo, describe las impresiones de cuatro equipos docentes de la Universidad del País Vasco ante las reformas metodológicas impulsadas con el proceso de convergencia europea.

El décimo artículo, “Perfil de entrada de los estudiantes universitarios ante las plataformas de apoyo a la práctica basadas-en-Internet”, describe el punto de vista de los estudiantes acerca de la formación on line, y el acceso y usos más frecuentes que realizan con los ordenadores e Internet.

El último artículo, “La blogosfera educativa: nuevos espacios universitarios de innovación y formación del profesorado en el contexto europeo”, presenta una experiencia del uso didáctico de blogs con estudiantes desde una perspectiva socio-constructivista e investigadora.

Esperamos que disfruten del presente monográfico cuyos artículos han sido seleccionados por la variedad de ámbitos y niveles educativos de procedencia, así como de las “diferentes culturas investigadoras” de los propios autores.


El Consejo de Redacción