MIÉRCOLES, 19 DE JUNIO DE 2019 





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ABRIL 2009

ENGLISH ABSTRACTS INSIDE ISSN 0213-8646

Editorial

Género y Educación: igualdad para fomentar la diversidad

El tema de la igualdad de oportunidades de las mujeres en el mundo de la educación tiene ya una larga trayectoria en nuestro país desde comienzos de los años ’80 con la consolidación de la democracia y de los grupos preocupados por la situación de las niñas en nuestro sistema educativo, sobre todo en los ámbitos de la educación infantil y primaria. A la par del crecimiento de las investigaciones y aportaciones de maestras y maestros sobre su propia práctica docente fue creciendo también el número de aportaciones realizadas desde los ámbitos académicos universitarios con la consolidación de los seminarios e institutos de las mujeres y de género a lo largo y ancho de las universidades españolas.

De esta primera etapa podemos destacar el asentamiento del campo de estudio y un primer avance, tanto en los aspectos de construcción teórica desde una perspectiva feminista de los problemas de las niñas en las escuelas, como en la investigación de las realidades educativas concretas, sobre todo en lo referente a los aspectos referidos a la discriminación más visible y explícita. No obstante, desde mediados de los años ’90 se produjo un descenso considerable de las aportaciones desde los estudios de género al campo de la educación, probablemente porque se consideraba que los análisis fundamentales ya estaban hechos y no se podía aportar mucho más o probablemente también porque las políticas de igualdad de oportunidades de las mujeres estuvieron relegadas en la agenda política del país.

En estos momentos, y gracias a un importante impulso legislativo con la aparición de la Ley de Igualdad y la Ley Contra la Violencia de Género, el debate y el análisis de la situación de las mujeres y la consolidación de su igualdad social real se ha vuelto a poner en la primera línea de la agenda pública.

Además, debemos tener en cuenta que vivimos en un momento de especial relevancia para el campo de la formación inicial del profesorado, al encontrarnos formación del profesorado de educación infantil y primaria, por primera vez en nuestro país, no sólo va a tener carácter universitario (que ya lo tenía desde mediados de los años ’70), sino que va a ser una carrera de grado al mismo nivel y duración que cualquiera de las ya establecidas en ese nivel. Por tanto, los y las maestras de nuestro país contarán con una formación académica de primer nivel y equiparable a cualquier otro profesional superior.

Esta monografía pretende situar algunas de las últimas aportaciones de los estudios de género en el campo de la educación y la formación del profesorado, abriendo nuevos debates y análisis que nos ayuden a mirar el mundo de la educación desde las lentes que nos ofrece este campo de conocimiento, para no seguir relegando a las mujeres a puestos subsidiarios o de segundo orden también en nuestro sistema educativo, a pesar de ser mayoritarias tanto en su papel de profesoras como en su papel de alumnas. Creemos que es el momento de volver a introducir con fuerza estas aportaciones si queremos construir una escuela más inclusiva, donde todos y todas gocen de las mismas oportunidades y los mismos beneficios.

Porque la realidad actual dista de ser esa que parece muy asentada en la opinión pública o, al menos, en ciertos ámbitos académicos. No parece tan claro, para esos sectores, que en nuestros días las mujeres se enfrenten a situaciones de desigualdad. Pero la realidad es tozuda: la diferencia sexual es un hecho biológico innegable, pero esa diferencia que es tan visible no debe impedirnos la percepción de que ha sido utilizada socialmente para establecer condiciones de desigualdad. Constituye, pues, una diferencia que, como otras –y el ejemplo de la diferencia cultural es muy evidente en nuestra sociedad–, puede constituirse en el germen de la diversidad que enriquece a cualquier sociedad. En efecto, la diversidad es la garantía de la singularidad individual y de la pluralidad social.

Sin embargo, esa diferencia sigue siendo, en muchas ocasiones, una diferencia de poder, de posibilidades diferentes en la participación de los bienes sociales, económicos y culturales. Se continúa así una trayectoria histórica que utiliza la diferencia como fuente de opresión y de discriminación de las mujeres.

Conviene tener presente lo que acabamos de decir para no plantear hoy las cuestiones de género como temas de orden técnico o de carácter meramente formal. No podemos reducir las reivindicaciones que han surgido del feminismo a logros de superficie, a simples retoques para simular situaciones simétricas entre el colectivo masculino y el femenino. No es eso lo que nos jugamos; estamos hablando, para hacerlo con claridad, de cuestiones de poder.

Es, pues, un buen momento para que la escuela y la sociedad entera comprendan que la igualdad –y la de género es una igualdad fundamental– es un axioma innegociable para nuestra vida social. Y hablamos de igualdad, no de uniformidad, que no es ninguna meta educativa deseable. Por eso no queda otro camino que movilizarse para que se introduzca en la educación el respeto por ese principio de igualdad y desarrollar el mismo en nuestro alumnado, pues si no se hace, es imposible desenmascarar las prácticas de exclusión y discriminación, que podrán ser presentadas –de hecho, ya está sucediendo: tenemos el ejemplo de la educación segregada por sexos en ciertos centros con la justificación de respetar mejor la personalidad “sosegada” de las niñas– como una fórmula de aceptación de la diversidad e incluso de atención hacia la misma.

El Consejo de Redacción