MIÉRCOLES, 19 DE JUNIO DE 2019 





71 (25.2)

AGOSTO 2011

ENGLISH ABSTRACTS INSIDE ISSN 0213-8646

Editorial

La educación democrática en los nuevos escenarios ciudadanos
Democratic education in the new citizenship scenarios



Mientras el tenso debate político ha dado lugar a un horario ridículo asignado a la Educación para la Ciudadanía con contenidos instructivos rebajados, la educación de los ciudadanos en la práctica está expuesta a cambios de lugares educativos, tiempos y herramientas tecnológicas en los que se produce una inundación de formas de vida individualistas y estilos sociales alejados del civismo. La educación (democrática) transita hoy a través de entornos mediáticos, virtuales y escolares de asimétrica intervención y de dudosos sentidos respecto a los valores ciudadanos. Así, nos encontramos que la educación para la implicación cívico-política se propaga en nuestro país a través de escenarios que se configuran como campos de cruce de intereses.

En el escenario mediático se ha producido una fuerte concentración de poder que ni siquiera los poderes públicos tienen capacidad para legislar frente a su gran influencia o chantaje. La historia oculta de los grupos de comunicación españoles (Serrano, 2010), con sus dueños convertidos en “traficantes de la información” con un abundante despliegue de los medios, ha supuesto que se hegemonicen hábitos, consumos, prácticas. De esta manera resulta lo íntimo devorado por lo social, lo que nos permite hablar de la “intimidad pública”, tan facilitada por la televisión con el llanto en directo, el reality show de los “grandes hermanos”, como ejemplo. Es la pérdida del espacio público político, convertido en espectáculo, y del discurso educativo evitado por conflictivo. Se exalta el individualismo que rompe los lazos sociales, las experiencias colectivas, dejando lugar a la utopía consumista cultivada en el libre mercado. Así lo íntimo privado invade lo público a través de las televisiones y revistas rosa consiguiendo grandes audiencias, por el contrario lo público se privatiza y se esconde en función de intereses construidos por los dueños de la información. Se desprecia la complejidad de lo social, el desencanto de la política, el desamparo de lo público, el fracaso de la idea de igualdad o de los derechos ciudadanos. Aunque no negamos sus efectos positivos.

El escenario escolar, invadido progresivamente por las nuevas tecnologías, paradójicamente acomodado a rutinas metodológicas atávicas, se refuerza en su potente credencialismo y enfatiza el valor de la meritocracia, prometiendo futuros bienes y éxitos laborales. Escenario presionado por los antiguos medios de comunicación y el nuevo escenario virtual que ofrece motivaciones y seductores atractivos. Por otro lado, recoge a unos adolescentes y jóvenes cultivados en su diversidad, más autónomos y dispuestos a resolver los conocimientos que la escuela no les da. Al tiempo, las familias, cultivadas en una educación de modelo elitista insolidario, presionan al profesorado que les resuelva sus problemas y expectativas. El escenario escolar está cambiado, ha desarrollado su misión de cierta manera en la transmisión cultural intergeneracional, en la promoción de la identidad y en la manera de entender la ciudadanía. Sufre una crisis institucional evidente y produce un elevado índice de repeticiones y deserciones, cuyo sentido habrá que analizar.

El escenario virtual, en una constante actualización y reciclaje tecnológico, con el atractivo para los adolescentes de ser espacio lúdico y de ocio al tiempo que facilita las comunicaciones por la red social de comunicación y contacto. Este escenario es de simulación por ordenador, dinámica y tridimensional, con alto contenido gráfico, acústico y táctil, de interactividad permanente y flexible, orientado a la visualización de situaciones y variables complejas, durante la cual el usuario ingresa, a través del uso de sofisticados dispositivos de entrada, a mundos que aparentan ser reales, metido en ambientes altamente participativos de origen artificial.

Estos escenarios tienen condiciones y posibilidades para facilitar la práctica de la ciudadanía, al mismo tiempo que contienen otras condiciones y características excluyentes y desigualadoras. Pero, son escenarios de novedosas y cambiantes condiciones en las que reinventar cada día la compleja y equívoca democracia a través de procesos de concienciación, análisis crítico, comprensión de la educación mediática y toma de conciencia en el uso de los medios.

Frente al anterior estatismo, rigidez, regularidad, exclusividad y existencia fragmentada de los antiguos escenarios, hoy constatamos solapamientos, implicaciones y conexión entre ellos (mediático, escolar y virtual) con nuevas condiciones y convergencias, con alguna brecha entre ellos y con prácticas y condiciones compartidas o específicas.

Pero, qué papel juegan en el fomento de la participación e implicación de adolescentes y jóvenes, qué prácticas educativas y ciudadanas permiten o no la deliberación pública y qué posibilidades existen para la interactividad, la relación horizontal y la producción de adolescentes y jóvenes independientes. Ellos son los que han de fabricar su propio futuro, tienen derecho –con otros– a intervenir en lo público, a autogestionarse y a recorrer estos escenarios de diferente manera. Así, pues, es necesario comprender el valor de las relaciones pedagógicas que permiten las tecnologías, la manera de desarrollar las competencias, las posibilidades de desarrollo de la autoexpresión y de la comprensión de la propia experiencia.

Y, en concreto, es necesario preguntarnos por qué hoy la educación formal, canalizada a través de la escuela, no cumple el rol de ser un escenario de socialización cívica, desarrollo cultural y político de todos las y los adolescentes de nuestro país; puesto que su finalidad es la formación del ciudadano como sujeto de derechos políticos y sociales que ha de intervenir ejercitándolos en el gobierno del país. Educar es un acto político en escenarios públicos o privados, virtuales o reales, escolares o extraescolares, individuales y mediáticos. Porque es necesario deliberar sobre lo que es común, participar en la construcción de condiciones que permitan desarrollar los derechos básicos del ciudadano.

Algunas precauciones o supuestos de partida es necesario explicitar como orientación en el tratamiento y estudio futuro de los espacios ciudadanos: a) Asumimos que tanto “la adolescencia” como la “juventud” son construcciones sociales a veces muy determinadas por la ideología adultocéntrica que, respecto al ámbito de estos escenarios, se concreta en actitudes de sentido paternalista y proteccionista, atribuyendo amenazas, miedos e inseguridades al uso de medios y tecnologías digitales; b) nos desligamos de las visiones míticas de los diferentes escenarios prescindiendo de fobias y filias acerca de las nuevas tecnologías a partir de cierto escepticismo de partida y bajo una teorización no funcionalista de tales espacios; c) apostamos por el análisis y estudio de los discursos y prácticas desarrolladas en los diferentes escenarios, la investigación de tales prácticas y la evaluación de sus condiciones empíricas que nos aportarán posibilidades de resignificación; d) las actividades educativas que se producen en estos escenarios pretendidamente ciudadanos son objeto de investigación interdisciplinar y un variado conjunto de progresivas teorizaciones han de abordar el objeto de estudio: teorías políticas de la educación y de la socialización de la juventud, de la comunicación, teorías del poder y de la sociedad red. En todas ellas será necesario poner en duda, contrastar supuestos, analizar metáforas, repensar o revisar conceptos clave. Pero, nuevas experiencias, alternativas y ensayos han de alimentar estas reflexiones.

A estas prevenciones y preocupaciones responde el contenido de este monográfico que aporta ideas críticas y poscríticas sobre la comunicación mediática, la educación institucional, la política educativa y el poder patriarcal; experiencias alternativas desarrolladas en prácticas institucionales, así como reelaboraciones discursivas sobre el uso de los medios, lo virtual y la institución escolar. Se aportan investigaciones de tipo etnográfico o empírico que explican los procesos educativos desde la construcción de la propia práctica.

Pues hemos de dar respuesta a la velocidad con que se desarrolla la tecnología frente a la paradójica lentitud y parsimonia de la cultura humanista. En nuestro país tenemos un bajo índice de lectores, con unos medios de comunicación todavía anclados en el franquismo y en la concentración y en el desarrollo de grandes grupos operadores y oligarquías, cuyo poder se oculta a la ciudadanía. Es necesario acabar con el “secretismo curricular” que roba a adolescentes y jóvenes los principales fenómenos y claves del funcionamiento de nuestra sociedad. Los modelos de escuelas democráticas y las experiencias pedagógicas vanguardistas, que supusieron un magnífico legado cívico, han sido olvidadas y relegadas ante la invasión tecnicista en la forma de entender la enseñanza y el aprendizaje. Es necesario “ciudadanizar” la política y la escuela con iniciativas compartidas por adolescentes y jóvenes que toman y resuelven sobre su propio futuro, de manera que renazca una cultura escolar más sensible con los intereses colectivos no disfrazados. Y poner las condiciones para que las redes sociales transmitan el sentido de la participación horizontal y la deliberación pública de las decisiones grandes y pequeñas de nuestra comunidad manteniendo una auténtica esfera política en la que adolescentes y jóvenes asuman su condición de ciudadanía activa.

El Consejo de Redacción