LUNES, 23 DE SEPTIEMBRE DE 2019 





77 (27.2)

AGOSTO 2013

ENGLISH ABSTRACTS INSIDE ISSN 0213-8646

Llamar a las cosas por su nombre, devolviendo a las palabras su sentido original y su fuerza real



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Peter McLaren (2012) Capitalistas y Conquistadores. Una pedagogía crítica contra el Imperio. Xátiva, Denes Editorial. Ediciones del CREC. 463 páginas


Ciertamente, desde las primeras manifestaciones del discurso (esa relación mutuamente constitutiva entre lenguaje y prácticas) de las pedagogías críticas, el mundo ha cambiado mucho. Dice Peter McLaren, en la introducción al libro, que de pequeño compartía con otros niños de los años 50 el miedo a que los maniquíes de los grandes almacenes del centro de la ciudad vendrían a la vida y tomarían el mundo. El miedo estaba justificado: "Los maniquíes del gran almacén han tomado de hecho el mundo", señala (pag 31).  Los grandes principios de la libertad y la democracia, en manos del Imperio significan que Dios ha ordenado al policía del mundo la protección del capitalismo como estilo de vida. Y en esa ideología, que hace de la desregulación de la economía un dogma religioso, comulgan un alto porcentaje de ciudadanos, no sólo norteamericanos. El travestido joven Jesús de hoy día pugna por la matrícula en Hardward y alcanzar la excelencia en un territorio sembrado de credencialismo y competitividad. Y esta es la cuestión, o una de las cuestiones nucleares de Capitalistas y conquistadores: los efectos determinantes sobre los seres humanos del capital como relación social.

Una vez más, incansable, P. McLaren nos invita a entrar en la pedagogía crítica, "asegurada por el más fecundo de los talismanes revolucionarios: la crítica" (pag 41) Pongámoslo así desde el principio: la pedagogía crítica, la de la práctica de crítica y la crítica de la práctica hegemónica, la pedagogía de las preguntas sobre quiénes y cómo se moldean las lentes capitalistas con las que interpretamos el mundo, la pedagogía que humaniza las relaciones en el aula desde el compromiso con la justicia social, esa pedagogía es una pedagogía revolucionaria crítica. Conviene  subrayarlo: el libro está escrito en aquel momento reciente de la historia en que un tal Bush Jr. en una Casa Blanca capturada, y con la extraordinaria contribución del fundamentalismo religioso, cuidaban la seguridad y el bienestar de los ciudadanos americanos sembrando cada jornada de sangre inocente en las ciudades bombardeadas de Irak.

Con un prólogo a la edición inglesa de Carl Boggs y otro a la edición española de Clara Arbiol, Capitalistas y Conquistadores se estructura en 3 partes diferenciadas, integrando cada una de ellas varios capítulos, algunos escritos en colaboración. La 1ª parte: El futuro de la pedagogía crítica, integra los capítulos I: "La pedagogía crítica en la edad de la globalización neo-liberal" y II: "La pedagogía revolucionaria en los tiempos postrevolucionarios: repensar la economía política de la educación crítica".  La 2ª parte: Sobre la clase, la cultura y la diferencia, integra los capítulos III: "Paul Willis, conciencia de clase y pedagogía crítica: hacia un futuro socialista", el IV: "Después del encasillamiento de las personas: la relación del trabajo-capital como constitución de la clase y sus consecuencias para la teoría educativa marxista y la resistencia humana" (escrito en colaboración con Paula Allman y Glenn Rikowski) y el capítulo V: "Las economías revolucionarias: el ecosocialismo y la pedagogía crítica" (en colaboración con Donna Houston). La 3ª y ultima parte: Neoconservadores y Neoliberalismo, integra los capítulos VI: "La leyenda de la banda de Bush: el imperialismo, la guerra y la propaganda", el capítulo VII: "La dialéctica del terrorismo: una respuesta marxista" y el capítulo VIII: "El Guerrero Vaquero de Dios: La cristiandad, la globalización y los falsos profetas del Imperialismo" (escrito en colaboración con Nathalia Jaramillo). El libro se cierra en la página 463 con un Epílogo del autor. Si el lector de esta recensión está interesado en explorar las relaciones entre la educación y la clase social desde una perspectiva marxista, está ante un libro contundente, bien armado, repleto de citas y múltiples piezas de evidencia, y un claro y radical posicionamiento del autor -radical en el sentido de acudir a la raíz del conflicto social y las categorías fundamentales con que Marx introdujo el análisis crítico-. Además de celebrar que el libro esté bien escrito y bien traducido.

1. El futuro de la pedagogía crítica

El autor parte del análisis de la crítica de la izquierda en los EE.UU (un análisis igualmente pertinente a la crisis de la izquierda europea y española), al parecer entregada a una ominosa resignación ante la aparente inevitabilidad del capital. Utiliza la problemática marxiana para reconceptualizar las institucionalización de las relaciones de clase alrededor de una configuración particular de las producción social en la que lo económico y lo político se conciben como distintos momentos de la misma totalidad, se enfrenta a los efectos de la globalización neoliberal, y se pregunta qué deben hacer los educadores críticos ante el poder estructural encarnado en las nuevas formas del capital transnacional. Para McLaren, las teorías postmodernas han desplazado la lucha contra la explotación capitalista poniendo el énfasis en otras múltiples formas interpersonales de explotación, debilitando el proyecto fundamental de la pedagogía crítica, y acomodándolo  a las versiones de la corriente principal del humanismo liberal y el progresismo:

"El principal punto de desacuerdo que yo tengo con la dirección de la pedagogía crítica cada vez más postmodernizada durante las últimas décadas es su estudiado esfuerzo por dejar el problema del sexismo y el racismo -es decir, la política de la diferencia- sin ninguna conexión con la lucha de clase" (p.75)

Tomando a Marx y otros teóricos del marxismo -especialmente Mészáros y Rikowski-, el autor sugiere reconocer la dependencia de la izquierda educativa del objeto mismo de su negación: el capital; y propone buscar una filosofía educativa diseñada para resistir la "capitalización" de la subjetividad, una pedagogía que llama "pedagogía crítica revolucionaria". Esta descolonización de la subjetividad pasa por escapar de los recintos protegidos del aula para explorar y analizar los funcionamientos del capital en la vida pública, y volver a pensar el estado como un terreno de confrontación.

En el siguiente capítulo "La Pedagogía revolucionaria en los tiempos postrevolucionarios", McLaren esboza varias direcciones para la educación crítica que sintetizamos a continuación:

"Primero, la pedagogía crítica debe reflexionar sobre la especificidad histórica de sus propias categorías de manera que no llegue a retratar su propia economía del deseo como representación de la naturalezas y las necesidades de toda la humanidad. (...)

Segundo, la pedagogía crítica debe hablar a los problemas locales y a los antagonismos de los contextos específicos, pero al mismo ti4empo debe procurar no limitars3e sólo a los asuntos locales. (...)

Tercero, la pedagogía crítica debe continuar hablando a las necesidades humanas básicas, pero debe actuar así sin caer presa de un fundacionalismo biológico o las tendencias falsamente generalizadoras y etnocéntricas de las grandes teorías modernas occidentales que privilegian teleológicamente cierto punto de vista final histórico o filosófico para la condición humana. (...)

Cuarto, la pedagogía crítica debe continuar desafiando las asociaciones normativas de la inteligencia y la manera en que la "razón" ha sido diferencialmente distribuida de manera que siempre sea ventajosa para la clase capitalista. (...)

Quinto, la pedagogía crítica debe volver a pensar los problemas de los "modos de producción" de manera que los educadores puedan tener en cuenta el cambio de la vida pública industrializada a contextos de especialización flexible dentro del capitalismo global. (...)

Sexto, la pedagogía crítica debe ser antirracista, antisexista y antihomofóbica. (...)

Séptimo, la pedagogía crítica debe centrarse en satisfacer las necesidades básicas de los seres humanos para la supervivencia y el bienestar en la lucha por una democracia socialista. (...)

Octavo, la pedagogía crítica  debe incluir una política económica y una distribución de los recursos, así como una política del reconocimiento, la afirmación y la diferencia.

Debe ser una política que hable por igual a una política transformadora como a un multiculturalismo critico y feminista. (...)

Noveno, la pedagogía crítica necesita seguir el ideal de la democracia comunicativa dentro de una visión más grande de la democracia socialista. (...)

Y décimo, la pedagogía crítica  debe articular su política con un respeto profundo a las experiencias vividas y a la epistemología del punto de vista de los oprimidos. (…)."

Un decálogo provocador para las escuelas que, en la propuesta de McLaren, se convertirían en laboratorios de ciudadanía crítica y los educadores -y estudiantes- en agentes activos de la transformación social. Al fin y al cabo, no es más que poner el punto de mira en las condiciones objetivas del puesto de trabajo y las relaciones laborales dentro del capitalismo global. Puro marxismo revitalizado.

2. Sobre la clase, la cultura y la diferencia

Partiendo de la conocida etnografía de Paul Willis Learning to Labour, publicada en 1977, considerada una importante contribución a los análisis radicales sobre la escuela y y uno de los trabajos etnográficos más significativos sobre la juventud de la clase trabajadora, Peter Mc Laren y Valerie Scatamburlo discuten la deriva de los estudios culturales contemporáneos hacia el postmodernismo y el abandono de los debates sobre la clase trabajadora, fundamentales sin embargo en el trabajo de Willis y en otros proyectos iniciales del Birmingham Centre for Contemporary Cultural Studies. De nuevo aquí se aboga por la centralidad permanente de la clase, a pesar de la falta de atención prestada por las narrativas contemporáneas. La vida cotidiana está saturada de las relaciones de clase, un olvido en el ámbito de la academia y los estudios educativos y culturales, paralelo al olvido del marxismo, dicen los autores. La importancia del trabajo de Willis es precisamente no olvidar esto en el interior de la investigación educativa. El debate, en este punto, recuperando otras publicaciones posteriores de Willis,  es el proceso de producción cultural para la reproducción cultural de las relaciones sociales, y la pregunta: el modo en que la mercancía cultural contribuye al proceso de mercantilización general. Y una hipótesis: puede haber un trabajo simbólico de desfetichización de la mercancía, esto es, una forma de acción comunicativa en el consumo cultural, una "estética fundamentada" que recoloca su significado social, una forma entonces de resistencia expresiva. ¿Y en qué contribuye esta teoría cultural a la pedagogía crítica? Para McLaren y Scatamburlo la comprensión del fetichismo de la mercancía puede ayudar a descifrar la relación dialéctica entre las leyes internas del capital y los procesos culturales y subjetivos. Aunque los autores no descienden a las teorías curriculares, no olvidemos que lo que está en juego en este análisis es la lucha por el significado y los procesos de subjetivación, una especificidad nuclear en el análisis curricular. Nos parece que el análisis de la vida cotidiana mediada por la omnipresencia de la mercancía, al que contribuyeron también otros autores como W. Benjamin o Guy Debord, puede ser un núcleo problematizador de un proyecto curricular crítico.  En el sentido del libro que venimos comentando, un curriculum, por tanto, como dispositivo de resistencia humana a "la clasificación" de nuestras almas, nuestras vidas, nuestras relaciones con otras personas y con la vida social en su conjunto.

Una nueva problemática social se aborda en esta segunda parte del libro. Dice McLaren, con la contribución ahora de Donna Houston, que el campo de la pedagogía crítica está privado de una dimensión ecológica consciente, mientras la escalada de los problemas medioambientales va en aumento. Incorporan ahora a aquella pedagogía revolucionaria crítica el concepto verde, llamando a los educadores críticos a construir propuestas educativas que interroguen la intersección entre el urbanismo, el racismo, el sexismo, la clase, el ecologismo, la economía global, entre otros temas políticos. Claro que una educación para y sobre la justicia medioambiental y ecológica supone mucho más que instruir a los niños sobre el reciclaje:

"Lo que las pedagogías críticas ecosocialistas revelen es hasta qué punto se integran los imaginarios sociales y la producción material de los lugares en los procesos capitalistas, las economías neoliberales de la proporción y las geografías del imperialismo.  El desarrollo de pedagogías críticas ecosocialistas debería basarse en el conocimiento colectivo de lugares como los sitios de lucha medioambiental, activismo y cooperación..." (p. 263)

A pesar de las críticas al didactismo medioambiental vacío de contenido sobre las condiciones materiales, el tema no está tratado con el mismo nivel de profundidad que otros han merecido en el libro, y desde luego, discutible por otros enfoques del ecologismo desde el interior de la misma pedagogía crítica.

3. Neoconservadores y Neoliberalismo.

Las poco menos de doscientas páginas de la última parte del libro, las dedica McLaren al análisis en profundidad de la política de los gobiernos de los EE.UU., especialmente el de Bush jr., tras el 11 de septiembre de 2001. Con la ayuda de otros trabajos relevantes, pero especialmente los de Terry Eagleton y James Petras, el autor analiza el proceso de expansión imperial de los EE.UU. y el desvío hacia la democracia totalitaria y el fascismo, en su interior. Este análisis enfrenta a la izquierda educativa con el desafío de redefinir el papel del intelectual: ¿crítico o terapeuta social?.  Citando las palabras de Terry Eagleton, que expone así el dilema o desafío:

"Con el declive del intelectual crítico, el pensador da camino al experto, la política se rinde a la tecnocracia y la cultura y la educación se dedica a formas de terapia social. La promoción de las ideas está supeditada a la provisión de servicios. El arte y la cultura se convierten en formas sustitutas de la cohesión, la participación y la autoestima en una sociedad profundamente dividida" (p.351)

McLaren estudia los efectos de la estrategia de la guerra para evitar el colapso económico y sus efectos subyacentes, el pretexto del terrorismo para emprender una cruzada heterodoxa de protección del "estilo de vida" del "mundo libre", y la operación psicológica emprendida por los medios de comunicación con maniobras de confusión y desinformación. Por otra parte, la banda de Bush -así la llama el autor- intenta estampar su agenda extranjera y doméstica con el imprimátur de certeza bíblica: el sacrificio de América por la libertad los extranjeros, no es el regalo de América al mundo, sino el regalo de Dios a la humanidad, ha repetido Bush en varios de sus discursos. Peligrosa cruzada cristiana para civilizar el mundo árabe, crisis económica con escándalos empresariales, reconversión del aparato de seguridad del estado en una Gestapo moderna, conversión de los contratos militares en uno de los negocios más prósperos del país, crecimiento alarmante de la pobreza urbana, son síntomas de un mundo contemporáneo que "está corriendo hacia atrás a la edad de Dickens" ... ¿qué hacer? ¿Cómo avanzar?

"Nuestra posición como educadores críticos revoluciona rios es apoyar movilizaciones de todo el continente contra la ofensiva neoliberal y el acuerdo general de Washington, cuyo objetivo es retroceder todos los derechos sociales. Nosotros defendemos una oposición multirracial y basada en la paridad, al imperialismo, a la guerra la globalización capitalista, a las políticas de ley-y-orden que se han burlado de nuestras libertades democráticas y que institucionalizan la violencia contra los grupos más vulnerables de nuestra sociedad. Desafiamos los planes de desarrollo productivistas que ponen en riesgo el futuro de la humanidad y exigimos el control democrático sobe las opciones de desarrollo y de producción. Al hacerlo nos negamos a someternos al liberalismo social que controla las instituciones del estado en los intereses de la minoría que posee toda la riqueza y trabajamos hacia una alternativa socialista al capitalismo, de manera que las necesidades sociales estén satisfechas. Aquí defendemos la política del internacionalismo, sobre todo a la luz de la llegada al poder de movimientos sociales y foros sociales continentales." (p. 295)

Un libro con todos los colores del rojo

En Capitalistas y Conquistadores no hay lugar a confusión. Las cosas son llamadas por su nombre y a la palabras se les devuelve el sentido original y su fuerza real. El alfabeto debe mucho a Marx e incorpora los otros colores del rojo: el del feminismo, la lucha ecologista, multicultural, postcolonial, de opción sexual, étnica, etc. Pero no olvida el rojo, que es decir la lucha de clases en el interior del capitalismo global.  Una contribución básica: sin una "filosofía" que nos enseñe a pensar el mundo no hay posibilidad de una teoría práctica. Un recuerdo necesario: sin referirla a la vida cotidiana no tiene sentido hablar de la revolución.  Y una ausencia demasiado repetida: lo diré con las palabras de quien, probablemente para el autor de este libro que comentamos no pasara de humanista liberal (me refiero a Stenhouse): quien venga con buenas ideas para la escuela decidle que os lo ponga en forma de curriculum o que os dejen dos años sabáticos, y vosotros lo hacéis. Pues esa es la agenda pendiente: el curriculum de la pedagogía revolucionaria crítica. 


Jaume Martínez Bonafé