LUNES, 23 DE SEPTIEMBRE DE 2019 





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AGOSTO 2013

ENGLISH ABSTRACTS INSIDE ISSN 0213-8646

La subjetividad en la Pedagogía Crítica



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OZON, F. (2013) En la casa. Barcelona: Golem distribuidora (1)


Desde Gramsci y su concepto de hegemonía la lucha de clases en el capitalismo  tiene que prestar atención a la subjetividad. Con Althusser y la sociología crítica que estudia el papel de la escuela en la lucha ideológica, la educación pasa a ser un espacio de producción de subjetividad.

Uno de los temas centrales y más complejos con los que tiene que enfrentarse  la Pedagogía Crítica es el de la subjetividad. La complejidad viene dada por el equilibrio que ha de mantener entre el subjetivismo que privilegia el rol del sujeto humano por encima de las restricciones estructurales, y el objetivismo en el que las estructuras sociales determinan al sujeto humano. Encontrar una vía intermedia entre la estructura y la agencia significa rechazar los enfoques esencialistas de la subjetividad que consideran que los individuos simplemente maximizan sus intereses o reducen los agentes al rol de reproducir estructuras preconstituidas.

Sin intentar agotar las posibilidades que ofrece, este comentario de la película francesa "En la casa", del director François Ozon, tiene como propósito adentrarse en algunos de los vericuetos de las situaciones educativas en relación al tema de la subjetividad y otros aspectos relacionados.

Lo que inquieta, interesa

Hay varias cosas que me inquietan o que me interesan de esta película. La primera es esta misma la relación entre la inquietud y el interés.

Podemos pensar que lo que lo que nos interesa es por que de alguna forma nos inquieta. En relación con lo que ha sido mi experiencia al ver la película creo que ha sido así: la película, después de unos pocos minutos iniciales que los he invertido en despejar la incógnita de saber de qué iba la cosa (según de lo que vaya me interesará o no, es probablemente lo que me decía) me ha empezado a inquietar, es decir, a producir un cierto desasosiego que me parece que provenía de que mi subjetividad empezaba a ser tocada. La inquietud creo que me era producida mediante la mezcla de las palabras (la lectura de lo que el estudiante protagonista escribe para su profesor) y de las escenas que van representando paralelamente lo que va contando en ese relato. Pero la inquietud, al menos eso creo, estaba en que, además de que mi subjetividad estaba siendo tocada cada vez con menos resistencia por mi parte, la historia resultaba más imprevisible, me resultaba más difícil no solo cerrarla, si no prever el giro que se iba a producir con la siguiente entrega de un nuevo texto al profesor. Esto, que me pasaba a mí, también le pasaba, me parece, al profesor que, tras tratar de encajar en sus esquemas previos acerca de sus alumnos el escrito que recibe inicialmente del alumno protagonista, se siente inquietado o simplemente intrigado  (no sé en qué medida relaciona lo que cuenta el relato con su propia vida).

Lo contrario: lo que inquieta no interesa

Pero por qué no pensar lo contrario: lo que me inquieta no me interesa. Aquello que me produce cierta inquietud por que afecta a mi subjetividad, me hace cuestionarme lo que hago o las relaciones que mantengo y prefiero ignorarlo. De los personajes de la película el que menos miedo parece que tiene a su subjetividad es el alumno protagonista (¿por qué nada le inquieta? ¿será por qué  tiene poco que perder?). Todos los demás tienen más o menos miedo a enfrentarse consigo mismo y algo más que perder.

El profesor también es valiente. Aunque en algún momento duda si seguir el proceso de enseñanza-aprendizaje (el único de los que mantiene con sus alumnos realmente profundo) con el alumno protagonista ante los problemas que se van produciendo, pronto vence esas dudas y va arriesgando cada vez más ¿de dónde saca las fuerzas? ¿qué es lo que le impulsa a seguir adelante? ¿es por que sigue adelante por lo que es  un buen profesor? O al revés ¿es por ir demasiado lejos por lo que es un mal profesor? …

Algunas de estas preguntas pueden estar contestadas en la película. El profesor sigue adelante por que él es un escritor fracasado, sin talento, que  proyecta en el alumno, que sí lo tiene pero que no tiene conocimientos literarios. ¿Los profesores somos  en buena parte escritores, matemáticos, pintores, escultores, deportistas, filósofos, etc. fracasados? ¿Solo los de secundaria? ¿las maestras no? ¿los maestros tampoco? ¿por qué?.../¿En la educación siempre proyectamos en el hijo, la hija, los alumnos, las alumnas? ¿Si no reconocemos en ellos algo de nosotros mismos o con respecto a nosotros mismos, no se produce una relación auténticamente educativa? por esto, por que es más fácil  proyectarnos en los hijos  ¿es por lo que  la relación con ellos siempre es educativa mientras que con la mayoría de nuestros alumnos es meramente instructiva?

También parece haber otras razones por las que el profesor es valiente, sigue adelante. Su conocimiento literario, la luz de ese conocimiento le hace distinguir lo verdadero, lo que tiene algo de autentico (las redacciones del alumno protagonista), de lo que no lo es. Y eso está (la verdad, lo auténtico) por encima de todo, sobre todo en tiempos de cultura basura, de mercadeo del arte, de mediocridad, de superficialidad …(las redacciones de los otros alumnos, la galería de arte de la mujer del profesor serían ejemplos de ese desierto cultural).

Pero podemos preguntarnos ¿existe un saber literario que permite distinguir lo que merece la pena o no? (en general, más allá de la escuela) ¿o el saber literario actual, menos caduco que el que muestra el profesor, lo que nos dice es que no hay un canon literario ni siquiera mínimo que permita distinguir lo bueno de lo malo literariamente hablando por que los criterios para determinarlo no escapan a la historia, ni a los poderes y sus procedimientos de verdad? Si es esto último  ¿por  qué en la educación ni siquiera apuntamos esta idea?… Esto, la multiplicidad de paradigmas incluso antagónicos en el conocimiento ¿es solo en las ciencias blandas y el arte? ¿es que la educación no puede tolerar por incompatibilidad el relativismo de la diversidad teórica a la que ha llegado el conocimiento? ¿tenemos que dar entonces en la escuela falsas ideas del estado del conocimiento para que sea normativo? ¿es imposible manejar en las clases diversas interpretaciones de la realidad por que eso no permitiría corregir (“corregir es mi trabajo y para eso me pagan”, dice el profesor al director) a los alumnos y hacerles distinguir lo que está bien o mal hecho? ¿La normatividad tiene que ir siempre vinculada a la verdad? ¿No podemos adoptar normas democráticamente en la escuela y fuera de ella sin estar seguros de que obedecen a la verdad? ¿qué sentido tiene entonces  discutir democráticamente cuando hay un conocimiento experto que sabe lo que es verdad? ¿En la enseñanza sólo caben preguntas retóricas cuya respuesta es conocida por los profesores?...

Así que el profesor sigue adelante con valentía, sin dar la espalda a su propia subjetividad, por que proyecta sus frustraciones literarias y reconoce la auténtica literatura que produce  el alumno. Quizás estos dos aspectos no estén tan disociados. Si creemos que conocemos la verdad y disponemos de la posibilidad y capacidad de educar a otro ¿cómo no vamos a proyectar en él?

Si tenemos un modelo de sujeto, al que quisiéramos parecernos por que es el verdadero, aunque nosotros no seamos una buena réplica de él por las circunstancias que sean ¿cómo no vamos a intentar educar al otro para que se aproxime más a ese modelo? Solamente el reconocimiento de la duda acerca del modelo de sujeto y sobre cómo nosotros mismos queremos ser, atenúa  el deseo de modelar al alumno o al hijo y le convierten también en referente para construirnos a nosotros mismos. Y no solo eso, el tener tu propio proyecto, el haber tenido tiempo y posibilidades de iniciarlo aunque no se haya logrado del todo o haya sido un fracaso, el no haber pasado la vida simplemente sobreviviendo con deseos inmediatos y elementales, sabiendo desde el principio que muchas cosas no son para ti, el haber tenido acceso a la cultura y ser capaz de iniciar a tus alumnos o a tus hijos en ella, te coloca, coloca a las clases medias, en una situación más proclive a la proyección (de proyecto, estrategia a medio o largo plazo). Y si ese proyecto proyectado en tus alumnos o tu hijos/as no se cumple, habrá que buscar culpables (la escuela, las malas compañías, la cultura basura, o mis errores tácticos como padre-madre o pofesor/a) no dándolo como equivocado, no admitiendo la multiplicidad  interrogativa de las trayectorias vitales.

En estos mecanismos educativos, subyace también una determinada visión de cultura, una idea de cultura próxima a la cultura culta o a la alta cultura. Una cultura de la distinción como nos explicó Bourdieu. Una cultura que se entiende como expresión y realización de un espíritu humano universal. La cultura que se sitúa por encima de las culturas que no lo son, que identifica la cultura con la cultura reconocida como tal por los que se creen cultos, que sobrevuela a la historia, que tiene una tarea mesiánica y colonizadora aunque los colonizados (los hijos/as, los educandos, los pueblos atrasados) no la entiendan y se resistan a ella. Una cultura independiente de los efectos sociales que produce considerados como efectos colaterales inevitables, no queridos.

Pero no todos los personajes tienen la valentía del profesor. Sus compañeros de claustro no  parecen valientes al someterse a normas pedagógicas a las que no le ven sentido (que se decida que los alumnos lleven uniforme, no corregir con rojo por que baja la autoestima de los alumnos y otras tonterías, que van llegando como modas superficiales ante la situación cada vez más difícil en la que desempeñan su profesión). Y su mujer ¿lo es? Y los miembros de la familia de los Rafas ¿lo son?...

Por que ¿qué es la valentía? ¿atender a nuestros deseos más íntimos y genuinos, a nuestra subjetividad, para actuar en consecuencia? ¿No tener miedo a lo que pueda pasar para poderlos conseguir una vez que hemos sido capaces de mirarlos a la cara tras los barrotes de las conveniencias sociales que nos encierran una vida que no merece ser vivida?

El psiconálisis ha dado una respuesta a estas cuestiones. Partiendo de deseos universales que habitan en el subconsciente, la valentía estaría en afrontarlos conscientemente para racionalizarlos, para poderlos domesticar civilizadamente, es decir dentro de los márgenes que la sociedad establece en cada momento o circunstancias. Quien no sea valiente en este sentido estará abocado a alguna forma de locura.

Desde la perspectiva psicoanalítica pueden interpretarse las escenas finales de la película. El suicidio imaginario del amigo del alumno protagonista  muestra lo que puede acontecer si no racionaliza sus impulsos. La incapacidad de racionalización del profesor, que no es capaz de controlar sus deseos cuando estos se cruzan tras descubrir la infidelidad real o imaginaria de su mujer. La incapacidad también del propio alumno protagonista de aceptar racionalmente la marcha de la madre de la familia de los Rafa y encauzar racionalmente sus propios deseos de escritor le hacen visitar al profesor y entregarse con él a la locura de imaginar las escenas que ven en la casa de enfrente. Y por contraste, la cuerda, la madre de la familia de los Rafa que siendo consciente de sus deseos los racionaliza.

Pero lo que a esta interpretación, según la versión más conservadora del psicoanálisis, se le escapa es que nuestros deseos ni son universales, ni son preexistentes a lo que va aconteciendo en nuestra vida, ni son genuinos, ni están al margen de la razón. Son también como nuestros pensamientos más pretendidamente racionales (también naturalizados como tales en virtud de una supuesta racionalidad universal) productos de los que no pueden ser separados. Unos y otros, razones y sentimientos, son productos discontínuos de los procesos de subjetivación. La expresión de la muerte del hombre   de Foucault es una hipérbole de la muerte de la idea esencialista del ser humano, del viejo humanismo y de cierta concepción de las ciencias humanas, de la subjetividad  cartesiana y de la tradición fenomenológica. El surgimiento de la problemática del  sujeto que viene tras la muerte del hombre, constituye ante todo un diferente modo de abordar la cuestión de la subjetividad.

Este nuevo modo de abordar la cuestión de la subjetividad es fundamental para renovar la Pedagogía Crítica. Y lo es por que exige criterios políticos que vayan más allá de los deseos y la razón normalizados por la concepción esencialista para encontrarlos en la historia, en el momento histórico, en sus dimensiones macro y micro.

La mezcla de realidad y ficción

A medida que avanza la película  lo que realmente ocurre en la casa de la familia de los Rafa y lo que es producto de la subjetividad del alumno puesta en los relatos que va entregando al profesor se mezclan más. Lo real penetra en la ficción (tanto en el relato del alumno como en película misma) y la ficción penetra en lo real (también en el relato y en las imágenes de la película) fundiéndose en único cuerpo (que es la propia película, realidad y ficción al mismo tiempo). Es la mezcla de lo objetivo y lo subjetivo.

Lo objetivo y subjetivo se mezclan siempre por que son inseparables, se necesitan. Y por que ambos navegan en el mismo mar, ambos son realidad. Se necesitan por que no hay conocimiento sin sujeto (situado, subjetivo, histórico) y tampoco sujeto previo al conocimiento de lo que está fuera de él mismo. Sin embargo la educación siempre, o casi siempre, habla de un conocimiento sin sujeto, es decir, con un cierto complejo de Dios, que es el único que no está situado por que está en todas partes, que no es subjetivo por que todo lo ve, y tampoco histórico por que es inmutable.

Como vemos también a medida que avanza la película, lo subjetivo va cumpliendo cada vez más claramente su papel de abrir posibilidades al presente o si se prefiere de resistirse a él. Profesor y alumno discuten sobre cómo debe continuar el relato, las posibilidades que se abren y cuales interesan más. El arte máxima expresión de la subjetividad que permite como en la película mostrarnos lo imposible (que ocurra esto y lo contrario, que el profesor aparezca en situaciones inverosímiles), como diría Deleuze desde una posición cercana a Benjamín o Adorno, es un medio privilegiado de resistencia frente al presente. Por eso, por su capacidad de resistencia al presente y de mostrar diferentes caminos que podemos construir, le necesitamos para hacer política, para hacer Pedagogía Crítica.

La subjetividad y lo espontáneo

El making off que se incluye en el CD que contiene la película nos hace recordar  lo preparado de cada escena, las veces que se repite, los trucos que se usan para conseguir el efecto deseado en el espectador; el paso de los actores de las risas a rodar un escena dramática, etc. Nos muestran lo premeditado, lo preparado, lo elaborado, lo falso, etc.  para provocar un determinado efecto en la subjetividad del espectador.

Si trasladamos la situación de hacer una película a dar una clase, nos daremos cuenta inmediatamente de que la mayoría de las veces, como ocurre en esta forma de hacer películas, la forma de llegar a la subjetividad de los espectadores o de los alumnos (imprescindible para las películas o la educación) requiere un proceso largo y elaborado, plagado de pequeños detalles en los que la espontáneo también es programado.

Qué idea tendrá el director de sus espectadores y de cómo llegar a su subjetividad

Quizás piense que de lo que se trata es de expresar lo que sabe y siente artísticamente y así llegará a los espectadores. Que existe un universal de sentimientos y formas de expresarlos que permite que si la expresión es artísticamente elevada  conmueva a los espectadores que no estén embrutecidos. Una idea muy próxima a la que adoptan algunos profesores cuando tienen conocimientos profundos y pasión por lo que enseñan.  Muy próxima también al esencialismo universalista del que antes hablaba.

Si nos apartamos de esta perspectiva, no nos queda otra que explorar más allá de las aulas los problemas, sentimientos y formas culturales en general de nuestros estudiantes. Es decir  tenemos que realizar de alguna manera un estudio cultural de nuestros estudiantes. Solo así estamos en disposición de poder llegar  a sus  subjetividades e iniciar a partir de allí un auténtico diálogo.  Pensar que ya sabemos lo que piensan y sienten no deja de ser una disparatada presunción. Pensar que hay un diálogo simplemente por que hablamos en una superficialidad.

Pero no solo nos interesa estudiar la cultura previa de nuestros estudiantes, si no también estudiar cómo se va produciendo el diálogo cuando comienza la clase (llevado al terreno de la película, estudiar como transcurren las proyecciones, cosa que algunos que algunos estudios cinematográficos y directores intentan) . Y después de las clases o las proyecciones de las películas reflexionar sobre lo que ha sucedido para tenerlo en cuenta para el siguiente curso o la siguiente película.

Esto es lo que se llama en la Pedagogía Crítica investigación-acción crítica. Crítica por su dimensión política, es decir por que al contrario de lo que pretenden las productoras o la industria educativa, la mayoría de las salas de cine y de centros educativos, los directores o profesores que se han constituido en una suerte de empresarios de si mismos, no se pretende el reconocimiento social o los beneficios económicos, si no algo bien distinto: contribuir a producir subjetividades que sean agentes del cambio de las estructuras sociales injustas.

La presencia de  lo social en la película

Aunque todo es social, incluso lo más subjetivo, en la película aparecen aspectos que son más habituales cuando utilizamos ese término. Aspectos como la situación del padre del alumno protagonista al que tiene que cuidar, que está invalido y ha sido abandonado por su madre… (eso explica como parece apuntar la película su deseo de entrar en otra casa, su relación con el profesor) el mundo de la empresa capitalista en la familia de los Rafas que además de sus mentiras, tensiones, competitividad exige que toda la familia esté al servicio espiritual del competidor para, además, no conseguir nada que se pueda parecer a la felicidad. También las mujeres que intentan dar un sentido a su vida artificialmente, Rafa hijo metido en la cultura basura de la NBA y  con la necesidad de aprobar aunque no aprenda realmente nada, la insatisfacción de los profesores y su rutina aniquiladora…

En general, la vida burguesa, tan conservadora aunque pueda tener otras apariencias, tan cobarde  en lo personal, tan llena de mentiras, de deseos reprimidos e inconfesados, de aburrimiento…

En medio de todo estamos muchos de nosotros. Como también diría Deleuze, inventemos un pueblo que falta.


(1) Recomendamos al lector la visión de la película previa a la lectura de este comentario. Incluir en este comentario los suficientes detalles como para que resultara totalmente comprensible sin haber visto previamente la película lo habría hecho excesivamente extenso y pesado y la hubiera vaciado de buena parte de su interés para el espectador. De todas formas nos ha resultado inevitable desvelar algunos aspectos. Adelantaré solamente que la película cuenta la historia de un profesor de literatura francesa que, desalentado y hastiado por las insulsas y torpes redacciones de sus nuevos alumnos, descubre entusiasmado que, por el contrario, el chico que se sienta al fondo de la clase (el alumno protagonista), muestra en sus trabajos un agudo y sutil sentido de la observación. Este chico, que se siente extrañamente fascinado por la familia de uno de sus compañeros (la familia de Rafa padre, su esposa y Rafa hijo) escribirá, animado por el profesor, una especie de novela sobre esa familia (y también sobre el profesor), en la que es difícil distinguir entre realidad y ficción.


César Cascante Fernández