MIÉRCOLES, 21 DE AGOSTO DE 2019 





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AGOSTO 2006

ENGLISH ABSTRACTS INSIDE ISSN 0213-8646

Editorial

INMIGRACIÓN Y ESCUELA


Los cambios estructurales que se han producido en la sociedad española en los últimos años han llevado a sustituir el tópico de país de emigrantes por el de país de inmigración. Pero esta transición, a diferencia de lo que ha sucedido en otros Estados de nuestro entorno, se ha caracterizado por su rapidez e intensidad. Como es lógico, y a consecuencia de los procesos de reagrupamiento familiar, la escuela no ha sido ajena al cambio social experimentado por nuestro país.

En este sentido, cada vez más, en escuelas e institutos del Estado español, estudiantes lingüística y culturalmente diversos constituyen una parte importante de la población escolar. Eso sí, con distribuciones desiguales entre las diferentes Comunidades Autónomas, entre localidades de un mismo territorio y, lo que es especialmente sangrante, entre centros públicos y privados.

Con todo, y a pesar de que la diversidad es la norma de estos centros educativos, hay a menudo cierta resistencia entre políticos y algunos educadores para implementar los cambios en el ámbito pedagógico, en la organización escolar y en el desarrollo profesional exigidos para hacer frente a las realidades demográficas cambiantes de la escuela y la comunidad.

Mientras se discute sobre la reforma del sistema educativo, se dedica en general poca atención a las necesidades de los estudiantes con un conocimiento limitado del lenguaje escolar o con una cultura, etnia o religión…, estigmatizadas en nuestra sociedad.

Estos temas relacionados con la diversidad también están, a menudo, fuera del centro de atención de numerosas Facultades de Educación y otros Centros Superiores de Formación de los profesionales de la educación. Por ello, habría que incrementar, como ya hemos reivindicado recientemente, la presencia de asignaturas vinculadas con la educación intercultural en la formación inicial de maestros, educadores sociales, pedagogos, psicopedagogos y profesores de educación secundaria.

En este contexto, por tanto, la educación aparece como uno de los factores más importantes para la integración de las personas inmigradas y, en particular, para sus hijos e hijas. Mediante la educación pueden aprender la lengua, pueden adquirir las habilidades y los conocimientos pertinentes para vivir en sociedad, pueden convivir con los niños y niñas autóctonos y, unos y otros, pueden aprender a vivir juntos. Además, la educación, principalmente a través de las escuelas e institutos, puede ser una de las fuentes de la comunidad y, en consecuencia, se puede crear desde allí un tejido social que haga más fácil la vida de los inmigrantes.

Por eso, el desarrollo de políticas educativas que garanticen no sólo la escolarización de los hijos e hijas de las familias de origen inmigrante, sino también una educación de calidad basada en la no segregación y en la equidad, se convierte en uno de los factores más importantes en la lucha contra la xenofobia y el racismo. Esto no siempre es fácil y aparecen numerosos problemas para hacer realidad un sistema educativo en el que la meta de aprender a vivir juntos forme parte de una enseñanza de calidad.

Todas estas consideraciones nos llevan a la necesidad de revisar numerosos temas, como las condiciones de escolarización del alumnado de origen inmigrante, o si la escuela es un contexto inclusivo para este colectivo. Asimismo, cabría considerar cómo y por qué existen algunos centros escolares que, en algunos casos se convierten en guetos, en reductos de niños separados. En este sentido, cabría abordar las formas de acogida de este alumnado, las representaciones que la comunidad educativa tiene en torno a la interculturalidad, las ideas previas y creencias en torno a la enseñanza de la o las lenguas del territorio, así como las propuestas de planes comunitarios para articular todo este tejido social.

Como se ha indicado anteriormente, el tratamiento que estos cambios demandan va mucho más allá del ámbito educativo, ya que hay implicados muchos otros factores como pueden ser la desigualdad, la marginación social, la diversidad lingüística y cultural, los prejuicios y estereotipos.

Por ello, y contando con el esfuerzo desarrollado en numerosos centros educativos, intentaremos contribuir a tratar de comprender y mejorar una situación que genera dudas, interrogantes, y que resulta problemática para quienes la viven en el día a día.

Partiendo de estas consideraciones, se necesita compartir datos, reflexiones, indicaciones y sugerencias para propiciar la implicación de la sociedad en general y de los centros educativos en particular. En este sentido nos llama poderosamente la atención un reciente estudio, realizado en Madrid por el Instituto de Evaluación y Asesoramiento Educativo (Idea), sobre una muestra de 2000 estudiantes, y extrapolable a toda España según Álvaro Marchesi, coautor del mismo. En él se detecta un incremento de la intolerancia hacia los inmigrantes a medida que aumenta la edad. Efectivamente, mientras que tres de cada cuatro alumnos de Primaria aceptan que en su clase haya inmigrantes, sólo la mitad lo hace en el segundo ciclo de Secundaria y en Bachillerato. Y lo que es más preocupante: el 15 % de estos últimos rechazan frontalmente a los inmigrantes.

Todo lo que se contiene en el monográfico que ofrecemos en este número es una sugerencia para acercarse a esta realidad cambiante, compleja y llena de incertidumbres. Nos dirigimos, por tanto, a todas aquellas personas que se preguntan acerca de cómo gestionar en el contexto escolar la diversidad lingüística y cultural, y que se plantean asimismo cuáles con sus consecuencias tanto sociales como educativas.

Tenemos, por tanto, la posibilidad de modelar y sustentar interacciones positivas entre profesorado y estudiantes en escuelas que ya son multiculturales, reflejando la realidad de una sociedad más amplia. Debemos preguntarnos si la escuela prepara para recibir a los inmigrantes, sabiendo que la acogida es un acto donde intervienen no sólo los que llegan, sino también los que están aquí. Para una positiva recepción se necesita generosidad, conocer al otro, comprender sus costumbres y sus estilos y, por qué no, también saber debatir sobre las diferencias, siempre y cuando no impere la coacción ni la imposición, sino el diálogo y el entendimiento razonado. Todos podemos y debemos aprender del compañero, del vecino. La escuela debería enseñar a sus alumnos esa comprensión, esa disposición, habilidad, diálogo y generosidad. Son valores para una época de migraciones. Sólo después, se podrá hablar de cupos y de controles, no antes.


El Consejo de Redacción