JUEVES, 27 DE JUNIO DE 2019 





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DICIEMBRE 1992

ENGLISH ABSTRACTS INSIDE ISSN 0213-8646

Editorial

¿QUE PLANES DE ESTUDIO TENDREMOS EN LOS PROXIMOS AÑOS?

Pasó ya el momento de reivindicar un modelo de formación del profesorado equivalente al de un licenciado en Educación, al menos de forma coyuntural, pues estructuralmente hablando siempre tendremos que continuar reivindicando ese nuevo modelo, sobre el que tantos y tantos argumentos hemos ofrecido desde las páginas de esta revista. Desgraciadamente, como en tantas otras ocasiones, la Administración Central no ha escuchado nuestros argumentos. Argumentos que, por otra parte, no son nuevos, pues son muchos los ilustres pensadores que así lo han reivindicado desde los inicios de este siglo veinte hasta hoy.

Ahora ha llegado el momento de atenernos a las directrices emanadas de la Administración y de tratar de paliar, al menos, las lagunas que en tales directrices son evidentes y de las que ya se hizo eco esta revista en su número 12. Tampoco tiene sentido ofrecer a nuestros lectores y lectoras datos cualitativos tendentes a lograr esa mejora, pues en ese mismo número 12 pueden encontrarse sobradamente. Esta vez, este Editorial debe ser interpretado como una llamada de atención a todos los colegas de las Escuelas Universitarias de Magisterio para que, de hecho, esa mejora sea real, para que no se nos pueda tachar en el futuro de mezquinos, al no haber sido capaces de aprovechar, de forma razonable, ese margen de aproximadamente el cincuenta por ciento que nos concede el Ministerio para introducir disciplinas obligatorias y optativas.

Sería catastrófico que, como consecuencia de los intereses sectoriales y de la fuerza de ciertos grupos de presión existentes en nuestras Escuelas, perdiéramos una oportunidad de oro para elaborar unos planes de estudio de los futuros profesores de enseñanza primaria (y también de enseñanza secundaria, que debe ser el otro objetivo fundamental de estas Escuelas) acordes con las necesidades que está demandando la sociedad española y europea en los albores del siglo veintiuno (no olvidemos las posibilidades que va a ofrecer el mercado único europeo).

¿Se le ha ocurrido a alguien pensar en que el terrible paro de maestros españoles podrá desaparecer si nuestros futuros planes de estudio estuvieran diseñados de tal forma que pudieran ser homologados los títulos en los paises europeos, pudiendo, de esa forma, optar nuestros diplomados a una plaza de las que actualmente no se cubren en dichos paises? De todos es sabido que, desde hace varios años, en una buena parte de esos paises no se cubren ni la mitad de las plazas de profesorado que ofertan las Administraciones, teniendo que echar mano de auxiliares y de pseudoprofesores sin ningunos estudios psicopedagógicos y hasta sin ningunos estudios universitarios.

Sería terrorífico que, debido a nuestra incapacidad, alguien pudiera acabar gritando aquello de que "cualquier tiempo pasado fue mejor", o simplemente echar de menos los tiempos de la dictadura, en los que dichos planes de estudio venían elaborados hasta sus últimos detalles desde Madrid y nuestra misión únicamente consistía en acatar lo que se nos ordenaba desde arriba.

Si manifestamos toda esa serie de miedos es porque, desgraciadamente, tenemos bastantes noticias de que en muchas Escuelas las discusiones surgidas a lo largo del proceso de elaboración de los nuevos planes de estudio están resultando verdaderas batallas. Sin embargo, desde nuestro punto de vista, no es malo que en dicho proceso surjan enfrentamientos y agrias discusiones, pues no en vano no existe un único perfil del profesorado de enseñanza primaria. Lo malo del asunto es que esas discusiones no se zanjen por la vía del estudio sosegado de las necesidades a que aludíamos antes y por la vía del análisis comparativo de los planes de estudio que ya están funcionando en otros paises y que, afortunadamente, están dando buenos resultados.

Lo grave de la cuestión es cuando esas discusiones se zanjan con el simple y, en cierto modo, dictatorial procedimiento de echar mano de votaciones mecánicas, haciendo un uso inadecuado de la democracia en el interior de los claustros, en temas que deben acabar siempre con un consenso total, pues fácil es comprender que, habiendo vencedores y vencidos, difícilmente los vencidos van a hacer suyos los planes de estudio resultantes. En una situación semejante, no hay que ser muy sagaces para darse cuenta de que así sí que podría tener justificación el demagógico slogan de "cualquier tiempo pasado fue mejor".

Dadas la exigencias legales, desde el año 1970, para ser profesores de las Escuelas de Magisterio (dejó de exigirse la titulación de Maestro y un número de años de profesar como maestro), es lógico, y hasta comprensible, que aquellos y aquellas colegas que, en muchos casos, ni siquiera obtuvieron el Certificado de Aptitud Pedagógica (C.A.P.) estén en guardia permanente ante el acoso de los pedagogos, didactas y psicólogos, procurando ganar cuantas más horas mejor de eso que llaman "contenidos científicos", o simplemente para no perder las horas que tienen todavía en los actuales planes de estudio.

Pero no es menos cierto que esos y esas colegas, si solicitan esa serie de contenidos difícilmente justificables desde el punto de vista de las necesidades a que aludíamos antes, es porque no ven salidas dignas a su situación profesional, entre otras razones porque ni la Administración ha sido capaz de encontrarlas, ni los que no pensamos así tampoco actuamos con racionalidad y compañerismo en bastantes ocasiones.

Por otra parte, debemos ser conscientes de que tampoco es tan definitivo y definitorio un Plan de Estudios. De nada sirve un excelente plan de estudios sin un profesorado motivado y capaz de llevarlo a la práctica con seriedad. Razón por la cual tiene menos sentido entablar batallas absurdas en pro de unas irrisorias migajas. No cabe duda que lo realmente importante es lograr que estos centros universitarios dispongan de un profesorado bien preparado y perfectamente conocedor (a ser posible, a partir de su propia praxis) de lo que es e implica la práctica escolar en primaria y en secundaria.

Es por eso por lo que, desde nuestro punto de vista, la "madre de todas las batallas", en nuestro caso, debe ser la consecución de un buen Plan Nacional de Perfeccionamiento y Reciclaje del Profesorado de las Escuelas Universitarias de Magisterio, a través de años sabáticos que permitan la renovación profesional a fondo, a través del conocimiento práctico y participante de experiencias y de investigaciones en centros y departamentos universitarios de calidad en aquellos paises en los que realmente se esté trabajando seriamente en la formación inicial y permanente del profesorado..

Somos conscientes de que la solicitud de ese plan de perfeccionamiento a que hemos hecho referencia en el punto anterior, resulta más difícil en unos momentos en que se nos dice que la Administración está en banca rota. Sin embargo, todos sabemos que hay dinero para lo que se quiere y que, por tanto, el problema no radica en que no haya dinero, sino en la prelación que se establezca a la hora de gastar el dinero existente. Como muy bien afirmó un ilustre médico cántabro a comienzos de este siglo (Dr. Madrazo, 1918), en un bello libro demandando una nueva Ley de Instrucción Pública, no hay mejor presupuesto de defensa nacional, que un elevado presupuesto en Educación.