LUNES, 16 DE SEPTIEMBRE DE 2019 





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AGOSTO 1996

ENGLISH ABSTRACTS INSIDE ISSN 0213-8646

Editorial

¿QUE VA A SER DE LA L.O.G.S.E. Y DE LA FORMACION DEL PROFESORADO?

Cuando aparezca publicado este número se habrán cumplido los famosos cien días de gracia del nuevo gobierno conservador del Partido Popular y muy probablemente para esas fechas se estará produciendo el baile de altos cargos en el organigrama del Ministerio de Educación y de aquellas Direcciones Provinciales que dependen de dicho Ministerio. Es decir, lo normal es que en el mes de septiembre todavía no sepamos nada acerca de la nueva política educativa, si es que piensan los nuevos dirigentes políticos cambiar algo.

Probablemente los conocedores del programa con el que el P.P. se presentó a las elecciones generales del pasado día tres de marzo, puedan decirnos que en dicho programa están claras las líneas de política educativa. Pero a esos posibles objetores de nuestra ignorancia se les puede rebatir diciendo que se olvidan de que, como consecuencia de los pactos que el referido partido ha tenido que hacer con el grupo catalán de Convergencia y Unión para poder gobernar, aquel programa puede que se haya quedado en agua de borrajas.

Sólo vamos a dar un par de ejemplos que pueden ser paradigmáticos para suponer que del primitivo programa del P.P. puede quedar bien poco.

Como las lectoras y lectores recordarán, el Partido Popular realizó una durísima campaña en contra de la ley catalana de normalización lingüística, la cual, como todo el mundo sabe, consiste en obligar a que todos los alumnos de Cataluña tengan que recibir la enseñanza en catalán. ¿Puede pensar alguien que, después de los pactos, el P.P. va luchar contra esa ley, máxime cuando el propio José María Aznar ya afirma que ha aprendido a hablar en catalán con sus más íntimos?

Igualmente, el P.P. se había comprometido a modificar sustancialmente el desarrollo normativo de la L.O.G.S.E. que se ha llevado a cabo en estos últimos años. Sin embargo, no hay que olvidar que ese desarrollo normativo se ha producido con la anuencia de Convergencia y Unión.

No obstante, a nuestro modo de ver, hay otro dato mucho más preocupante, que indica la escasa importancia que el tema educativo va a tener en esta legislatura. No se ha transmitido a la opinión pública durante el período de gestación de los pactos ni un solo dato indicador de las posibles negociaciones que se estaban realizando en relación con el tema educativo. Sin embargo, bien podría ocurrir que las repercusiones de esos pactos sobre la política educativa fueran más importantes de lo que aparentemente pudiera suponerse, ya que una de las preocupaciones mayores de los nuevos gobernantes es cómo reducir el gasto público, y ya se sabe que cuando los partidos conservadores gobiernan, la reducción siempre comienza por los ámbitos sociales: educación, sanidad, desempleo, etc.

Evidentemente, el tema que más preocupa a esta Revista es el de la formación del profesorado. Por eso, nos parece honesto reiterar el punto de vista de la A.U.F.O.P. en este tema, con el fin de que los nuevos dirigentes de la política educativa española lo conozcan. Desde el primer número de esta Revista venimos reiterando que es necesario elevar el nivel institucional de la formación inicial del Magisterio, pasando a ser una Licenciatura en Educación, en la que puedan existir diversas especialidades, siendo una de ellas la de Formación del Profesorado. Igualmente, hemos defendido, defendemos y seguiremos defendiendo que hay que modificar sustancialmente el diseño de la formación psicopedagógica del profesorado de Enseñanza Secundaria en el sentido de incardinarla como una especialidad más de esa Licenciatura en Educación. Por otra parte, es necesario abordar con seriedad el tema de la formación práctica de los futuros profesores, dotando a las Universidades y a los colegios receptores de los recursos mínimos necesarios para que dicha formación deje de ser un simple adorno de la formación teórica. Asimismo, consideramos fundamental que la formación permanente de todo el profesorado se lleve a cabo como consecuencia de unos planes de formación rigurosamente diseñados, en los que puedan confluir armónicamente las necesidades reales de los propios colegios (no las de los denominados expertos y asesores) y las de los centros universitarios de formación del profesorado (las nuevas Facultades de Educación). Por último, nos parece que ya ha llegado la hora de acabar con el caos existente en lo que respecta a la configuración institucional de los actuales centros universitarios de formación del profesorado, donde estamos comprobando cómo en unas provincias las vetustas Escuelas Normales se han reconvertido en Facultades de Educación, mientras que en otras continúan siendo todavía Escuelas Universitarias, dando lugar a desigualdades absolutamente incomprensibles. O bien, cómo todavía se permite que la formación inicial del profesorado de Primaria y de Secundaria dependa de dos instituciones diferentes, cuando lo lógico sería que toda la formación inicial dependiera de las Facultades de Educación.

Todas las lectoras y lectores asiduos de esta Revista saben muy bien que hemos sido muy críticos con la política educativa que ha dado lugar, durante los últimos años, a ese caos en lo que respecta a la formación del profesorado. Por esa misma razón, también criticaremos la política educativa que se haga durante los próximos años si no modifica la situación actual en la dirección que hemos apuntado.