VIERNES, 20 DE SEPTIEMBRE DE 2019 





42 (15,3)

DICIEMBRE 2001

ENGLISH ABSTRACTS INSIDE ISSN 0213-8646

Editorial

MUSICOTERAPIA

Pretendemos en este editorial situar el debate epistemológico existente acerca de la musicoterapia. ¿Hasta qué punto se la puede considerar como ciencia? Sin entrar en muchos detalles por tratarse de un editorial, nos refereiemos al debate sobre este tema.

Piensan algunos científicos que los principios de una demostración deben ser validados por otros pincipios superiores, éstos, por otros, .... y así sucesivamente hasta llegar a evidenciar la certeza, falsedad, o, al menos, la credibilidad de esos principios.

Formando parte de una corriente científica, los principios de una demostración deben ser validados por otros principios superiores, estos por otros. y así sucesivamente hasta llegar a demostrar el origen de una verdad, positiva o negativamente, respetando las reglas y métodos que rigen esa ciencia.

La Musicoterapia "a priori" no prueba los efectos que produce por sus causas, como ciencia empírica es hipotética, parte de los hechos o fenómenos como principal fuente de conocimiento, su objeto es la realidad y sobre la misma actúa desde las técnicas musicales.

Se cierne así en torno a la Musicoterapia un importante primer prejuicio, aunque no es el único. "La musicoterapia no es ciencia" y no es ciencia, en el sentido axiomático, aunque lo sea la música y lo sea la terapia por separado. Aunando los dos términos, músico-terapia, no parece que exista un nexo ontológico ni cuerpo teórico que pueda repercutir sobre los hechos.

Es quizás por actitudes de prejuicios o por desconocimiento por los que sentimos la necesidad de apuntar en este editorial alguna reflexión que clarifique, si es posible, la realidad que se esconde tras este controvertido y polisémico término.

Nadie que haya probado en sí mismo la eficacia real de una intervención musicoterapéutica niega los efectos altamente beneficiosos que le han proporcionado sus técnicas aunque no pueda verificarlo. Sin embargo, el principio de razón suficiente, común a todas las ciencias del hombre lo avala; "nada ocurre sin que exista una razón por la que un hecho tenga que ser así y no de otra manera". El criterio de verdad que prevalece en Musicoterapia es la evidencia sensible pero no es el único, ni el límite del conocimiento es sólo la experiencia. Los hechos o fenómenos están sometidos a "leyes de la naturaleza", leyes fijas, inmutables, universales, (característica de la ciencia universal necesaria y de la praxis que no reniega nunca de una actividad teórica cognoscitiva).

Estar inmerso en una situación concreta, en un espacio-tiempo puntual, y tener que actuar adecuadamente produce conocimiento a la vez que el conocimiento dirige de nuevo la acción más óptima. El riesgo fundamental que puede acontecer al solo teórico respecto a la musicoterapia es precisamente ignorar la realidad que tiene entre manos, minimizando la acción u olvidando la demanda de no pocos sectores afectados que reclaman ayuda.

Uno de los problemas más difíciles con los que se encuentra la Musicoterapia es el de poder encontrar un hueco necesario para poder intervenir con eficacia, dirigir la acción y más tarde poder explicar los acontecimientos. Tropieza con numerosos obstáculos, detrás de cada dura "roca" escarba, explora y en la cavidad descubierta hunde los pies en un enmarañado follaje seco donde permanece triste un cuerpo de niño, un adulto deprimido, un anciano casi gélido pero. sorprendentemente, al rozar las sensibles "cañas" se escucha el tañido de un bellísimo oboe que estremece y conmueve a los menos sensibles.

¿Cómo podríamos llamar a este método?, ¿heurístico?, ¿didáctico?, ¿terapéutico? El primero descubre la verdad de los hechos, el segundo enseña la verdad encontrada, el tercero la aplica y obtiene resultados positivos. La Musicoterapia se afirma pues como ciencia empírica o positiva, aunque pueden aparecer nuevos hechos o circunstancias que cambien nuestro conociemiento sobre ellos.

Otro problema a resolver es el propio término MÚSICO-TERAPIA, las muy diversas definiciones que hemos encontrado no ayudan a delimitar el objeto de estudio con exactitud: "sujeto" y "objeto" a veces se van alternando, otras aparecen de forma simultánea creando confusión entre los propios estudiosos del tema, parece que cuanto más se extiende el campo del saber menos se profundiza en él. Razón posible por la que algunos expertos especialistas: pedagogos, psicólogos clínicos; musicólogos, didácticos musicales; diplomados en ciencias y técnicas del cuerpo., no logran ponerse de acuerdo. Cada cual desde su campo específico reivindica un mayor protagonismo conceptual.

Aparece así en primer lugar MÚSICO-terapia, afirmando algunos, que se otorga a la Música la categoría de disciplina terapéutica. Es verdad que los estudios se centran en los principios fundamentales que rigen las Leyes Físico-Armónicas.

Los parámetros. Sonido-Silencio-Ritmo; Melodía-Armonía-Forma al combinarlos, según el estudio de cada caso, y en perfecta proporción, producen en los sujetos efectos altamente terapéuticos. Parece que esta tesis no convence a todos los expertos profesionales y algunos propugnan por cambiar el orden del término por TERAPIA-musical o Terapia a través de la Música.

Sea como sea, el problema no es cuestión de lenguajes, no se pueden confundir los problemas verbales con los problemas reales, ni creemos que se trate de establecer divisiones y subdivisiones en torno a un cuerpo de conocimientos. Es evidente que el desconocimiento de la Musicoterapia en España, viene de la mano del intrusismo de los mal llamados musicoterapeutas sin más formación que el ensayo-error individual. El verdadero profesional, bien formado, trabaja en colaboración con miembros de los equipos psicopedagógicos en contextos educativos, clínicos y geriátricos entre otros con total competencia.

Existe una dificultad aún mayor. ¿Dónde se han formado hasta hoy los musicoterapeutas que están ejerciendo como tal? En nuestras universidades no existe ninguna titulación, excepto algunas tímidas materias de libre configuración, optativas o algún postgrado formativo en algunas universidades, no en todas, y con muy escasa continuidad, salvo excepciones. Si de verdad nos proponemos hacer de la Musicoterapia una ciencia en relación a los hechos puntuales, algo hay que empezar a cambiar en la actitud de gobernantes y legisladores. De momento una visión de conjunto nos sitúa ya dentro de un marco institucional educativo donde se puedan formar expertos profesionales, lo que implica la necesidad urgente de crear una titulación adecuada acorde con otras universidades extendidas por todo el mundo: Estados Unidos, Inglaterra, Alemania, Argentina, Japón y un largo etcétera, donde y desde la década de los años 50 se han creado Títulos de Diplomado en Musicoterapia, Licenciaturas, Doctorados y Cátedras.

Mientras que esto no sucede en España la Musicoterapia no tendrá el reconocimiento sociocultural, educativo, preventivo y terapéutico que se le otorga en este momento en la Comunidad Europea. "A pesar de su reconocido poder de captación, su función catártica, la capacidad de comunicación no verbal, la creatividad que desarrolla en los sujetos con trastornos senso-perceptivos, los beneficios en clínica apenas si tienen difusión".

El Consejo de Redacción