LUNES, 26 DE AGOSTO DE 2019 





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AGOSTO 2018

ENGLISH ABSTRACTS INSIDE ISSN 0213-8646

Editorial

LEADING ARTICLE

Una Oportunidad para Humanizarnos / An Opportunity to Humanize Ourselves (Pulsar aquí para acceder al pdf de este artículo a texto completo).

Históricamente todos los esfuerzos para llevar a cabo cambios y transformaciones sociales y culturales han venido precedidos por visiones generales acerca de la naturaleza de la humanidad y de la sociedad; o sea, por una reconceptualización de la sociedad y del ser humano y una nueva concepción de cambio social y educativo. Ese también es el planteamiento fundamental y básico del Proyecto Roma.

Vivimos en una sociedad competitiva e insolidaria dominada por una cultura hegemónica segregadora y homogeneizante que establece ‘las normas de juego’ donde las diferencias humanas son consideradas como defecto y no como valor. Vivimos en un mundo en el que se habla mucho del amor, pero lo negamos continuamente, en nuestros comportamientos y acciones diarias. Vivimos inmersos en la cultura patriarcal, donde el amor es considerado un bien inalcanzable o, acaso, una ilusión o una esperanza. Sin embargo, debemos recuperar la vida matrística de la infancia, viviendo en el amor, amando. Es decir, respetando a las personas como legítimas personas en su diferencia, independientemente de la etnia, género, religión o procedencia. Solo en el respeto y en el reconocimiento de las personas como personas radica el sentido de lo humano.

Lo que constituye al ser humano como tal es la dimensión social y no lo genético. La genética es la condición inicial, es un punto de partida no de llegada. Somos lo que somos gracias a las oportunidades que hemos tenido y no a los genes. Ahora bien, lo más humano del ser humano es desvivirse por otro ser humano y en este desvivir surge el valor ético de la educación.  El problema radica en saber cómo pasamos de esa sociedad competitiva e insolidaria (excluyente) a una sociedad de convivencia solidaria. Definitivamente, estamos en el umbral de una nueva cultura y de una nueva civilización; pero si a esta nueva civilización no le acompaña una nueva ética y una nueva actitud mental; es decir, una nueva cultura, ¿no estaremos asistiendo al ocaso de nuestra propia existencia como seres humanos?

Por todo ello, construir un mundo como el que deseamos en este número monográfico implica vivir en coherencia con los principios éticos y morales del mundo que deseamos. Es decir, aunque un mundo como el que deseamos no exista, en su construcción hay que vivir en los principios de aquel mundo, no en los de este mundo en el que vivimos ahora. En cierto modo, eso nos hace personas no siempre bien comprendidas, ya que pensamos -y vivimos- en el mundo como debía ser. No como es.

Se necesita, por tanto, un nuevo modelo educativo que humanice lo que de humano ha perdido la humanidad. De ahí que sean necesarias otras políticas que protejan mejor a los que más lo necesitan y ofrezcan las condiciones imprescindibles para cubrir las necesidades básicas de todos los niños y todas las niñas, como condición fundamental para que la educación sea considerada, además de un valor necesario, el medio más eficiente para romper el círculo de la pobreza y de las desigualdades en el mundo. Con las reformas educativas que se están dando en los países de democracias neoliberales (reforma educativa española LOMCE, por ejemplo) no es suficiente para una acogida decente e inclusiva; son necesarias transformaciones profundas en los procesos de enseñanza y aprendizaje en nuestras escuelas si queremos conseguir la equidad educativa. La escuela pública o es una escuela sin exclusiones o no es pública.

Estas palabras nos pueden llevar a pensar que la utopía existe. Efectivamente la utopía existe y para nosotros es una democracia sin fronteras al considerarla una añoranza hacia un mundo mejor. ¿Acaso es posible una educación en valores desvinculada de una dimensión utópica?

La utopía no puede morir. Si se secan los manantiales utópicos, la vida de los seres humanos se transforma en un desierto donde solo florecerían el conformismo, la apatía, la trivialidad y el oportunismo: la deshumanización. Esta visión del concepto de utopía unido a los términos de respeto, justicia y dignidad humana, rompen con el concepto peyorativo de la utopía como algo irrealizable, y se inserta en el vivir y en el convivir humano como algo que 'no es, pero que podría ser' (pragmautópico, dice Eisler, 1995). Así es como el poeta hace visible, con su mirada poética, lo que ha quedado oculto por la historia, ya que revela aspectos y dimensiones de lo humano que, habiendo sido fundamentos del vivir humano, han quedado escondidas bajo otras en la transformación cultural de la humanidad, pero que no han desaparecido y con sus emociones y sentimientos nos hacen sentir qué mundo queremos vivir.  Más aún, nos devuelve la ilusión y la responsabilidad de elegir qué mundo queremos vivir, como un mundo de respeto, cooperación, justicia, tolerancia, bajo la emoción fundamental del amor.  Sin embargo, la globalización económica está unida a la ciencia ficción al mostrarnos un mundo de enajenación cultural, abusos, jerarquías, agresión, discriminación y obediencia. Vivimos bajo la injusticia globalizada (Saramago, 2000), donde la competitividad, el individualismo, la intolerancia, la injusticia, etc., son los (contra)valores que imperan y caen como una losa contra aquellos que luchan contra la globalizada injusticia.

Ciertamente, debemos reconocer que es difícil pensar o imaginar un mundo diferente; pero no nos queda otra opción. Si es necesario hay que hacerlo. Lo necesario es antes que lo importante, y esto es necesario, precisamente porque la evolución humana se encuentra en una encrucijada y la tarea fundamental de los pensadores y científicos no es solo la de describir y alertar de los males que se nos vienen encima, sino de comprometernos con la búsqueda de  modelos educativos que permitan, desde la misma escuela como agente de transformación social, otro modo de organización de la sociedad del siglo XXI, que nos eleve en la promoción y el desarrollo de nuestras diferencias como seres humanos sin producir desigualdades. Un proyecto nuevo alternativo solo será viable si somos competentes para concebir una nueva sociedad donde se conjuguen los principios de igualdad/equidad y de libertad, procurando respetar a cada cual según sus peculiares necesidades y no según su clase social.

Acaso el verdadero descubrimiento en el ser humano no consista en buscar nuevos paisajes sino en poseer nuevos ojos (Proust, 1997). Eso es lo que, a nuestro juicio, venimos haciendo desde el Proyecto Roma, mirar de otra manera a las personas y culturas consideradas socialmente como “diferentes”, lo que nos ha hecho crecer como personas.

Y para terminar deseamos recordar unas palabras del escritor y poeta uruguayo Eduardo Galeano. Cuenta Eduardo Galeano que estaba con un amigo suyo, Fernando Birri, un tipo muy lindo, cineasta latinoamericano, de esos que Pablo Freire quería, o sea locamente sano y sanamente loco, que está más loco que sano, pero… bueno, nadie es perfecto. Decía que estaban juntos Eduardo y Fernando con estudiantes en Cartagena de Indias, en Colombia. Entonces un estudiante le preguntó a Fernando que ¿para qué sirve la utopía? Y Fernando Birri, después de tomarse unos segundos en silencio, comentó: “¿para qué sirve la utopía?, esta es una pregunta que yo me hago todos los días, yo también me pregunto para qué sirve la utopía. Y suelo pensar que la utopía está en el horizonte y entonces si yo ando diez pasos la utopía se aleja diez pasos, y si yo ando veinte pasos la utopía se coloca veinte pasos más allá; por mucho que yo camine nunca, nunca la alcanzaré. Entonces, ¿para qué sirve la utopía?  Para eso, para caminar.

Referencias bibliográficas

- Eisler, R. (1995). El Cáliz y la Espada. La alternativa Femenina. Madrid: Cuatro Vientos-Martínez de Murguía.
- ONU. Declaración Universal de los Derechos Humanos. París, 10 de diciembre de 1948.
- ONU. Convención de los Derechos del Niño. París. 20 de noviembre de 1989.
- Proust, M. (1997): En busca del tiempo perdido. Madrid: Alianza.
Saramago, J. (2000). La caverna. Madrid: Alfaguara.

Miguel López Melero y 
Consejo de Redacción de la RIFOP